DE ABRAM A ABRAHAM (GÉN. 17:4, 5)
Aunque los nombres de Dios entrañan un significado espiritual y teoló-
gico, este tipo de significados no se restringen solo a Dios. Los nombres de personas en el antiguo Cercano Oriente no eran solo formas irrelevantes de identificación como a menudo lo son para nosotros; en la actualidad, no hay mucha diferencia al ponerle el nombre de María o Susana a una niña. No obstante, para los antiguos semitas, los nombres personales estaban cargados de significado espiritual. Todos los nombres semíticos de personas tienen significado, y generalmente consisten en una frase u oración corta que consta de un deseo o una expresión de gratitud por parte de los padres. Por ejemplo, Daniel significa “Dios es juez”; Joel significa “Yahvéh es Dios”;
o Natán significa “Don de Dios”.
Debido a la importancia que se les da a los nombres, estos a menudo se
cambian para reflejar un cambio radical en la vida y las circunstancias de una persona.
Busca los siguientes textos. ¿Qué situaciones abordan y por qué hubo cambio de nombres en estas situaciones?
1. Génesis 32:28……………………………………………………..
2. Génesis 41:45………………………………………………………………
3. Daniel 1:7……………………………………………………………
Sin embargo, en cierto sentido, no es tan difícil, incluso para la mente
moderna, comprender la importancia del nombre de una persona. Hay
efectos sutiles y, a veces, no tan sutiles. Si a alguien constantemente le dicen “tonto” o “feo”, y si muchos usan esos apelativos para dirigirse a esa persona todo el tiempo, tarde o temprano esos nombres podrían tener un impacto en cómo esa persona se ve a sí misma. De la misma manera, al ponerles ciertos nombres a las personas, o cambiárselos, parece posible influir en su autopercepción y, por lo tanto, influir sobre cómo actuarían.
Con esto en mente, no es tan difícil entender por qué Dios quiso cam-
biarle el nombre Abram por Abraham. Abram significa “El Padre es exaltado”; Dios lo cambió por Abraham, que significa “Padre de una multitud”. Al observar la promesa del pacto en la que Dios dice: “Te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti” (Gén. 17:6), el cambio de nombre tiene más sentido. Quizás haya sido la forma en que Dios ayudó a Abraham a confiar en la promesa del pacto, que se le hizo a un hombre de 99 años, casado con una anciana que hasta entonces había sido estéril. En resumen, Dios lo hizo para ayudar a Abraham a aumentar la fe en sus promesas.