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Lección 2

Viernes 9 de Abril

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee Elena de White, Patriarcas y profetas, “Abraham en Canaán”, pp.
111-123; Profetas y reyes, “Los profetas de Dios que les ayudaban”, pp. 379-388.

“El yugo que nos liga al servicio es la ley de Dios. La gran ley de amor
revelada en el Edén, proclamada en el Sinaí, y en el nuevo pacto escrita en el corazón, es la que liga al obrero humano a la voluntad de Dios. Si fuésemos abandonados a nuestras propias inclinaciones para ir adonde nos condujese nuestra voluntad, caeríamos en las filas de Satanás y llegaríamos a poseer sus atributos. Por lo tanto, Dios nos encierra en su voluntad, que es alta, noble y elevadora. Él desea que asumamos con paciencia y sabiduría los deberes de servirle. El yugo de este servicio lo llevó Cristo mismo como humano. Él dijo: ‘Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío, y tu ley está en medio de mi corazón’. ‘He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envio’. El amor hacia Dios, el celo por su gloria, y el amor por la humanidad caída, trajeron a Jesús a esta tierra para sufrir y morir. Tal fue el poder que rigió en su vida. Y él nos invita a adoptar este principio”. (DTG 300, 301).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. El pacto de Dios con Noé, Abram, Moisés y nosotros ¿fue una con-
tinuación de su pacto con Adán o fue algo nuevo? Comparar con Génesis 3:15; 22:18; y Gálatas 3:8 y 16.

2. ¿Por qué es tan importante el aspecto personal y relacional del
Pacto? En otras palabras, tú puedes tener un acuerdo legalmente vinculante, un “pacto” con alguien, sin ninguna interacción personal ni estrecha. Sin embargo, ese tipo de arreglo no es lo que el Señor busca en su relación de pacto con su pueblo. ¿Por qué es así? Analicen.

3. ¿En qué sentido el matrimonio es una buena analogía del Pacto?¿En qué sentido la analogía del matrimonio es deficiente para describir el pacto?

Resumen: La entrada del pecado deshizo la relación que el Creador había establecido originalmente con la familia humana a través de nuestros primeros padres. Ahora Dios busca restablecer esa misma relación amorosa por medio de un pacto. Este pacto representa una relación de compromiso entre Dios y nosotros (como un vínculo matrimonial) y un acuerdo para salvarnos y armonizar con nuestro Hacedor. Dios mismo, motivado por su gran amor por nosotros, es el propulsor de la relación del Pacto. Mediante promesas de gracia y actos de gracia, nos conquista para que nos unamos a él.

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¿QUÉ OCURRIÓ? Sábado 27 de Marzo

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Salmo 100:3; Hechos 17:26; Génesis 2:7, 18–25; 1:28, 29; 3:15.

PARA MEMORIZAR:
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza […]. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gén. 1:26, 27).

El relato bíblico de la creación de la humanidad está lleno de esperanza, felicidad y perfección. Cada día de la Creación terminaba con el pronunciamiento divino de que era “bueno”. Desde luego, eso no incluía tifones, terremotos, hambrunas ni enfermedades. ¿Qué ocurrió?

El sexto día de la Creación terminó con el pronunciamiento divino de
que era “bueno en gran manera”. Es que ese día el Señor creó seres a su propia imagen: los seres humanos. Por supuesto, estos seres eran perfectos en todo sentido. Al fin y al cabo, la humanidad fue hecha a imagen de Dios. No había asesinos, ladrones, mentirosos, estafadores ni viles en sus filas.

La lección de esta semana analiza la Creación, lo que Dios hizo originalmente y luego lo que sucedió con esa Creación perfecta. Finalmente, aborda el tema del trimestre: qué está haciendo Dios con el fin de que todo vuelva a ser como al principio.

Reseña de la semana: ¿Qué enseña la Biblia sobre los orígenes? ¿Qué
clase de relación quería tener Dios con la humanidad? ¿Cuál era el propósito del árbol del conocimiento del bien y del mal? ¿Qué esperanza se les dio a Adán y a Eva inmediatamente después de la Caída?

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Domingo 28 de Marzo

TORTUGAS HASTA EL FONDO…

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gén. 1:1).

El tema más crucial de la existencia humana es la naturaleza del Uni-
verso mismo. ¿Qué es este mundo en el que nos encontramos sin haberlo elegido? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cómo llegamos aquí? Y ¿hacia dónde nos dirigimos todos finalmente?

Estas son las preguntas más básicas y fundamentales que la gente podría hacerse, porque entender quiénes somos y cómo llegamos aquí afectará nuestra comprensión de cómo vivimos y cómo actuamos mientras estemos aquí.

Busca los siguientes versículos: Génesis 1:1; Salmo 100:3; Isaías 40:28; Hechos 17:26; Efesios 3:9; Hebreos 1:2, 10. ¿Cómo responde cada uno, a su manera, algunas de las preguntas anteriores? ¿Cuál es el punto en común en todos ellos?

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Lo interesante de Génesis 1:1 (e incluso de los demás versículos) es que el Señor no intenta probar que él es el Creador. No hay elaboración de argumentos para demostrarlo. Él se expresa de manera simple y clara, sin ningún intento de justificarlo, explicarlo ni probarlo. O lo aceptamos por fe o no lo aceptamos. De hecho, la fe es la única forma en que podemos aceptar la idea, por una sencilla razón: ninguno de nosotros estaba allí para ver el proceso de Creación en sí. Obviamente, habría sido una imposibilidad lógica para nosotros haber estado allí, en nuestra propia creación. Incluso los secularistas, independientemente de su punto de vista sobre los orígenes, tienen que adoptar ese enfoque con fe por la misma razón que nosotros, como creacionistas: ninguno de nosotros estuvo allí para ver el evento.

Sin embargo, aunque Dios nos haya pedido que creamos en él como Creador, no nos pide que creamos sin darnos buenas razones para hacerlo. Sabiendo que se requiere una cierta cantidad de fe en casi todo lo que creemos, escribe las razones por las que tiene sentido confiar en que estamos aquí porque un Creador nos colocó aquí con un propósito, en vez de pensar que nuestros orígenes están enraizados en nada más que la pura casualidad o el azar.

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Lunes 29 de Marzo

A IMAGEN DEL CREADOR (GÉN. 1:27)

La Biblia declara que Dios creó a la humanidad, hombre y mujer, “a su imagen” (Gén. 1:27). Sobre esta base, responde las siguientes preguntas:

1. ¿Qué significa que Dios nos haya creado a su imagen? ¿En qué medida somos “a su imagen”?

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2. Según el relato del Génesis, ¿creó el Señor algo más “a su imagen”, aparte de la humanidad? ¿Qué nos dice eso sobre nuestra condición singular, en contraste con el resto de la Creación en el planeta Tierra?

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3. ¿Qué más se puede encontrar en el relato de la Creación de la humanidad que distingue a la raza humana de cualquier otra creación divina?Ver Génesis 2:7 y 18 al 25.

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Todo lo que podemos decir es que en nuestra naturaleza física, mental
y espiritual reflejamos de alguna manera a nuestro Creador divino; aunque todavía hay mucho de él que, al menos para nosotros, esté envuelto en misterio. Sin embargo, la Biblia enfatiza los aspectos espirituales y psíquicos de nuestra personalidad. Estos aspectos los podemos desarrollar y mejorar. Es la singularidad de la mente humana lo que hace posible una relación sustanciosa con Dios; algo que el resto de la Creación terrenal de Dios, al parecer, no puede hacer.

Observa también el relato peculiar de cómo Dios creó a la mujer. Tanto hombres como mujeres comparten el increíble privilegio de ser creados a la imagen de Dios. En su creación, no hay indicios de inferioridad de uno ni del otro. Dios mismo hizo a ambos de la misma sustancia. Dios hizo a ambos iguales desde el principio, y los puso juntos en una relación especial con él. Ambos tuvieron la misma oportunidad de desarrollar el carácter.

“Dios mismo dio a Adán una compañera. Le proveyó de una ‘ayuda
idónea para él’ –alguien que realmente le correspondía–, una persona digna y apropiada para ser su compañera y que podría ser una sola cosa con él en amor y simpatía. Eva fue creada de una costilla tomada del costado de Adán, para significar que ella no debía dominarlo como cabeza, ni tampoco debía ser humillada y hollada bajo sus pies como un ser inferior, sino que más bien debía estar a su lado como su igual, para ser amada y protegida por él” (PP 25).

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Martes 30 de Marzo

DIOS Y LA HUMANIDAD JUNTOS (GÉN. 1:28, 29)

Observa las primeras palabras que Dios dirigió a la humanidad, según
las Escrituras. Les señala su capacidad para procrear, para reproducir más de su propia especie. También les señala la Tierra misma, la Creación, y les indica que la colmen, que la gobiernen y la dominen. También les indica las plantas que pueden comer. En resumen, según la Biblia, las primeras palabras de Dios al hombre y la mujer tratan específicamente de su interacción y su relación con el mundo físico.

¿Qué nos dice Génesis 1:28 y 29 sobre cómo ve Dios el mundo material? Este pasaje ¿sugiere que hay algo malo en las cosas materiales y en el hecho de que disfrutemos de ellas? ¿Qué lecciones podemos aprender de estas primeras escenas de la historia humana sobre cómo deberíamos relacionarnos con la Creación?

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Además, con estas palabras, Dios da los primeros pasos hacia una rela-
ción con la humanidad. Él les habla, les da instrucciones, les dice qué hacer. También hay una responsabilidad implícita en las palabras. Dios les ha pedido que sean dueños de esta maravillosa Creación que él mismo produjo.

Génesis 1:28 menciona que Dios bendijo a Adán y a Eva. ¿Qué significa eso? ¿Qué tipo de relación sugiere entre ellos y su Creador?

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Dios habló a Adán y a Eva como seres inteligentes, que podían responder a su bondad y entrar en comunión y compañerismo con él. Además, como criaturas e hijos suyos, Adán y Eva dependían de la bendición y el cuidado de su Padre y Creador. Les proveyó de todo lo que necesitaban. Ellos no hicieron nada para merecer lo que les dio; eran meramente receptores de algo que no merecían.

Cuando leemos sobre la Creación del hombre y la mujer, podemos ver elementos anteriores al pecado acerca del tipo de relación que Dios quiere que tengamos con él ahora, después del pecado. Repasa el estudio de este día y fíjate qué paralelismos puedes encontrar que te ayuden a entender cómo podemos relacionarnos con él incluso en nuestra condición caída.

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Miércoles 31 de Marzo

EN EL ÁRBOL

“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gén. 2:16, 17).

Esta prueba brindó a Adán y a Eva la oportunidad de ejercer su libre
albedrío. También los desafió a responder positiva o negativamente a su relación con el Creador. Muestra, además, que Dios los había hecho seres libres y morales. Después de todo, si no hubieran tenido oportunidad de desobedecer, ¿por qué el Señor se habría molestado siquiera en advertirles en contra de la desobediencia, en el principio?

“Todo lo que precede en este capítulo ha allanado el camino para este clímax [Gén. 2:16, 17]. El futuro de la raza se centra en esta única prohibición. El hombre no tiene necesidad de confundirse con una multiplicidad de cuestiones. Solo debe tener presente una ordenanza divina. Al limitar así el número de mandatos a uno, Yahvéh da muestras de su misericordia. Además, para indicar que este único mandamiento no es gravoso, el Señor lo coloca en el contexto de un amplio permiso: ‘De todo árbol del huerto podrás comer’ ” (H. C. Leupold, Exposition of Genesis, t. 1, p. 127).

Cuando Dios invitó a Adán y a Eva a obedecer su voluntad, les estaba
diciendo: Yo soy su Creador y los hice a mi imagen. Yo los mantengo con vida, porque por mí viven, se mueven y son. He provisto todas las cosas para su bienestar y felicidad (sustento, hogar, compañía humana) y los he puesto como gobernantes de este mundo. Si están dispuestos a confirmar esta relación conmigo porque me aman, entonces yo seré su Dios y ustedes serán mis hijos. Y pueden confirmar esta relación y la confianza implícita en ella simplemente obedeciendo este mandato específico.

En definitiva, nuestra relación con Dios puede ser eficaz y duradera
solo si elegimos libremente aceptar su voluntad. Rechazar su voluntad es, en esencia, reclamar la independencia de él; indica que creemos que no lo necesitamos. Esa es una decisión que da como resultado el conocimiento del mal; y el mal conduce a la alienación, la soledad, la frustración y la muerte.

La prueba que Dios les dio a Adán y a Eva fue de lealtad y fe. ¿Serían leales a su Creador, que les había dado todo lo que necesitaban, además de un mundo de delicias, o seguirían su propio camino,  independientemente de la voluntad de Dios? ¿Tendrían suficiente fe en él como para creer en su palabra? Su lealtad y su fe se vieron probadas ante el árbol del conocimiento del bien y del mal. ¿En qué medida nosotros enfrentamos pruebas similares todos los días? ¿Hasta qué punto la Ley de Dios funciona en paralelo al mandamiento dado en
Génesis 2:16 y 17?

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Jueves 1 de Abril

FIN DE LA RELACIÓN

Tendemos a creer en las personas que conocemos y desconfiamos instintivamente de las que no conocemos. Eva, naturalmente, habría desconfiado de Satanás. Además, cualquier ataque directo contra Dios la habría puesto a la defensiva. Por lo tanto, ¿qué medidas tomó Satanás para sortear las defensas naturales de Eva? (Gén. 3:1-6).

“Deplorable como fue la transgresión de Eva y cargada como estuvo
de calamidades futuras para la familia humana, su decisión no abarcó
necesariamente a la humanidad en el castigo de su transgresión. Fue la
elección deliberada de Adán, en la plena comprensión de la orden expresa de Dios –más bien que la elección de ella–, lo que hizo que el pecado y la muerte fueran el destino inevitable de la humanidad. Eva fue engañada; Adán no lo fue” (CBA 1:243).

Como resultado de esta flagrante transgresión y desprecio del mandato
de Dios, la relación entre Dios y la humanidad ahora se quiebra. Pasó de una comunión abierta con Dios a huir con temor de su presencia (Gén. 3:8-10). La alienación y la separación reemplazaron el compañerismo y la comunión. Apareció el pecado y todos sus horribles resultados. A menos que se hiciera algo, la humanidad se encaminaría a la ruina eterna.

En medio de esta tragedia, ¿qué palabras de esperanza y promesa pronunció Dios? (Ver Gén. 3:15.)

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El sorprendente mensaje profético de esperanza por parte de Dios habla de una hostilidad divinamente ordenada entre la serpiente y la mujer y sus respectivas descendencias. Esto culmina con la aparición victoriosa de un descendiente representativo de la simiente de la mujer que le da un golpe mortal a la cabeza de Satanás, mientras que este solo podría herir el talón del Mesías.

En medio de su total impotencia, Adán y Eva reciben esperanza de esta
promesa mesiánica, esperanza que transformaría su existencia, porque Dios proveyó y respaldó esta esperanza. Esta promesa del Mesías y de la victoria final, aunque vagamente expresada en ese momento, disipó la oscuridad en la que el pecado los había situado.

Lee Génesis 3:9, donde Dios dice a Adán y a Eva: “¿Dónde estás?” (NVI). Dios, por supuesto, sabía dónde estaban. Sus palabras, en lugar de estar cargadas de condenación, iban a atraer hacia él a la humanidad abrumada por la culpa. En resumen, las primeras palabras de Dios a la humanidad caída llegaron con la esperanza de su gracia y su misericordia. ¿Cómo notamos, incluso en la actualidad, que Dios trata de llamarnos a su misericordia y su gracia?

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Viernes 2 de Abril

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
La Biblia rebosa de llamados a los pecadores y descarriados. Compara
los siguientes pasajes: Salmo 95:7, 8; Isaías 55:1, 2, 6, 7; Lucas 15:3-7; 19:10. ¿Qué otros pasajes puedes encontrar?

Lee Elena de White, Patriarcas y profetas, “La Creación”, pp. 23-30; “La tentación y la caída”, pp. 31-41; “El plan de la redención”, pp. 43-50. “Creo que había un sermón evangélico en esas dos palabras divinas cuando penetraron la espesura del bosque y llegaron a los oídos hormi-
gueantes de los fugitivos: ‘¿Dónde estás?’ Tu Dios no está dispuesto a perderte; él ha venido a buscarte, así como pronto pretende venir en la persona de su Hijo, no solo a buscar sino a salvar lo que ahora está perdido” (C. H. Spurgeon, The Treasury of the Bible, t. 1, p. 11).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Debido a que el Dios bondadoso y compasivo es quien busca a la
humanidad, ¿cómo podemos responder a esta expresión de amor
del Padre y de Jesucristo en este mismo momento? ¿Cómo espera
el Señor que respondamos?

2. Compara la perspectiva bíblica de la humanidad caída desde un lugar elevado en la Creación de Dios, y ahora necesitada de reden-
ción, con la Teoría de la Evolución. ¿Cuál ofrece más esperanza y por qué?

3. ¿Cuán esenciales son las relaciones cariñosas para la felicidad hu-
mana? ¿Por qué es necesaria una conexión próspera con Dios para esas relaciones? Analicen la influencia de las relaciones humanas saludables sobre las personas que participan de esas relaciones (padre-hijo, amigo-amigo, esposo-esposa, empleador-empleado, etc.).

Resumen: Dios nos creó a su imagen a fin de que pudiera existir una comunión amorosa entre él y nosotros. Aunque la entrada del pecado deshizo la unión original, Dios busca restaurar esa relación a través del Plan de Redención. Como criaturas dependientes, la vida adquiere verdadero significado y claridad solo cuando tenemos comunión con nuestro Creador.

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Lección 13

EL NUEVO NACIMIENTO DEL PLANETA TIERRA, Sábado 20 de marzo

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Isaías 65:17–25; 66:1–19; 66:19–21; 66:21; 66:22–24.

PARA MEMORIZAR:

“Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento” (Isa. 65:17).

Un día, un niño de doce años que acababa de leer un libro sobre astro-
nomía se negó a ir a la escuela. Su madre llevó al niño al médico de familia, quien le preguntó:

–Guillermo, ¿qué te pasa? ¿Por qué ya no quieres estudiar ni ir a la
escuela?
–Porque, doctor –dijo–, leí en este libro de astronomía que un día el Sol se quemará y toda la vida de la Tierra se desvanecerá. No veo ninguna razón para hacer nada si, al final, todo se extinguirá.
–¡Eso no te incumbe! ¡No es asunto tuyo! –exclamó la madre, histérica.

–Pero, Guillermo –le dijo el médico con una sonrisa–, no tienes que preocuparte, porque para cuando eso suceda todos estaremos muertos de todos modos.

Por supuesto, ese es parte del problema: finalmente, de todos modos
morimos. Afortunadamente, nuestra existencia no tiene que terminar en la muerte. Al contrario, se nos ha ofrecido vida, vida eterna, en un mundo renovado.

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Lección 13

Domingo 21 de marzo

CIELOS NUEVOS Y TIERRA NUEVA (ISA. 65:17–25)

Lee Isaías 65:17 al 25. ¿Qué tipo de restauración promete el Señor?

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Dios promete una nueva creación, y comienza con estas palabras:
“Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento” (Isa. 65:17). En esta notable profecía, el Señor promete “tra[er] a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo” (65:18). En la ciudad no habrá más llanto (65:19). La gente normalmente vivirá bastante más de un siglo antes de morir (65:20). Su trabajo y sus hijos subsistirán para que ellos disfruten (65:21–23).

Si bien esto es bueno, ¿por qué no es una escena de nuestra restauración final, nuestra esperanza final?

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Por ahora tenemos una escena de una vida larga y tranquila en la Tierra
Prometida. Pero, a pesar de que la gente viva más, aún muere. ¿Dónde está la transformación radical de la naturaleza que esperamos con la creación de “nuevos cielos” y una “nueva tierra”? El siguiente versículo nos dice: “El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová” (Isa. 65:25).

Para que los carnívoros como los leones se vuelvan vegetarianos se
requiere mucho más que una clase de cocina vegetariana. Se necesita una nueva creación para restaurar el mundo a su estado ideal, como era antes de que el pecado, en el Edén, introdujera la muerte.

Aquí, en Isaías 65, Dios presenta la creación de “nuevos cielos” y una “nueva tierra” como un proceso, una serie de pasos, que comienza con la reconstrucción de Jerusalén. Compara Isaías 11, donde el Mesías traería justicia (Isa.11:1–5). Luego, finalmente, habrá paz en el “santo monte” mundial de Dios. Las imágenes que se utilizan en Isaías 11 son similares a las que se encuentran en Isaías 65: “Morará el lobo con el cordero […] y el león como el buey comerá paja” (11:6, 7). Aunque el “santo monte” del Señor comenzaría con el Monte Sion
de Jerusalén, este era solo un precursor, un símbolo de lo que Dios promete hacer, en última instancia, en un mundo nuevo con su pueblo redimido.

Supongamos que, en lugar de vivir 60, 70, 90 o incluso 100 años, la mayoría de la gente viviera un millón de años o más. ¿Por qué aun así no se resolvería el problema fundamental de la humanidad? ¿Por qué la vida eterna es la única respuesta a nuestras más profundas necesidades humanas?