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Lección 10

Domingo 28 de febrero

LA VERDAD PROBATORIA DE ISAÍAS (ISA. 50:4–10)

Si la única intención de Isaías hubiese sido transmitir información,
habría expuesto todos los detalles sobre el Mesías de una vez. Pero, para enseñar, persuadir y dar a su audiencia un encuentro con el Siervo del Señor, desarrolla una rica estructura de temas recurrentes de manera sinfónica.

Despliega el mensaje de Dios por etapas. Isaías es un artista cuyo lienzo es el alma de su oyente.

Lee Isaías 50:4 al 10. Resume lo que dicen estos versículos. ¿Cómo ves a Jesús en este pasaje?

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En Isaías 49:7, encontramos que el siervo de Dios es menospreciado,
abominado y “esclavo de gobernantes” (PDT); pero “los reyes [lo] verán y se pondrán de pie, los príncipes [lo] verán y se inclinarán” (NVI).

Aquí, en Isaías 50, vemos que el valle es más profundo para el tierno maestro cuyas palabras sostienen al cansado (Isa. 50:4). El camino a la vin dicación surca el abuso físico (Isa. 50:6).

Este abuso suena mal para quienes viven en culturas occidentales mo-
dernas. Pero, en una antigua cultura del Cercano Oriente, el honor era un asunto de vida o muerte para una persona y su grupo. Si alguien insultaba y maltrataba a alguien así, más le valía estar bien protegido; a la menor oportunidad, la víctima o su clan con toda seguridad tomaban represalias.

El rey David atacó y conquistó el país de Amón (2 Sam. 10:1–12) porque su rey simplemente “tomó los siervos de David, les rapó la mitad de la barba, les cortó los vestidos por la mitad hasta las nalgas, y los despidió” (2 Sam. 10:4). Pero, en Isaías 50, el pueblo golpea al siervo, le arranca dolorosamente los vellos de la barba y lo escupe. Lo que hace que estos actos sean un acon- tecimiento internacional e intercósmico es que la víctima es el Enviado del eterno Rey de reyes. De hecho, al comparar Isaías 9:6 y 7 e Isaías 11:1 al 16 con
otros pasajes de “siervos”, ¡descubrimos que el siervo es el Rey, el poderoso Libertador! Pero, con todo este poder y honor, por alguna razón inconcebible, ¡él no se salva a sí mismo! Esto es tan extraño que el pueblo no lo podía creer.

En la cruz de Jesús, los dirigentes se burlaron de él: “A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios” (Luc. 23:35); “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él” (Mat. 27:42).

Lee Isaías 50:4 al 10. Anota los principios espirituales que aquí se representan, que deberían aplicarse a nuestra vida. Mírate a la luz de la lista que haces. ¿En qué aspectos podrías mejorar? Si estás desanimado, entonces sigue leyendo elresto de la semana.

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Lección 10

Lunes 1 de marzo

EL POEMA DEL SIERVO SUFRIENTE (ISA. 52:13–53:12)

Isaías 52:13 al 53:12, conocido como el “Poema del Siervo sufriente”, con firma la reputación de Isaías como “el profeta evangélico”. En armonía con la excelencia del evangelio, el poema se destaca por encima de otros escritos.

Si bien es increíblemente corto, cada frase está repleta de un profundo significado que revela la esencia de la misión impensable de Dios para salvar a una raza inmersa en el pecado y perdida.

Esta no es la “leche” del mensaje de Isaías. Él preparó a su audiencia al
presentar el tema mesiánico desde la primera parte de su libro. Al seguir el curso general de la vida del Mesías en la Tierra, el profeta comenzó con su concepción y nacimiento (Isa. 7:14); estableció su identidad como un rey davídico divino (Isa. 9:6, 7); explicó su obra de restauración para Israel (Isa. 11:1–16) y su ministerio silencioso de liberación de la injusticia y el sufrimiento (Isa.42:1–7). A continuación, Isaías reveló que el gran drama del Mesías incluye el contraste de la tragedia antes de la exaltación (Isa. 49:1–12; 50:6–10).

Ahora el Poema del Siervo sufriente sondea las profundidades de la tragedia.

Repasa los textos que se mencionan en el párrafo anterior y observa lo que nos dicen sobre el Mesías, Jesús. ¿Cómo nos ayudan a prepararnos para lo que vendrá en Isaías 52 y 53?

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Isaías 52:13 a 53:1 presenta el poema con un adelanto que contiene un contraste sorprendente: el Siervo prosperará y será exaltado, pero su apariencia se verá desfigurada de manera tal que resultará irreconocible.

Isaías 53:2 y 3 inicia un doloroso descenso a partir del origen del Siervo
y su aspecto normal hasta su aflicción y su rechazo. Isaías 53:4 al 6 hace
una pausa para explicar que su sufrimiento en realidad es nuestro castigo, que él soporta para sanarnos. Isaías 53:7 al 9 continúa con el descenso del Siervo inocente hasta la tumba.

En Isaías 53:10 al 12, el Siervo asciende hasta la excelsa recompensa prevista al comienzo del poema que se inicia en Isaías 52:13, con la idea adicional de que su sacrificio para salvar a otros es la voluntad de Dios.
Compara este poema con la estructura de “valle” de Filipenses 2:5 al 11, donde Jesús comienza en forma de Dios pero desciende al vaciarse para asumir la esclavitud de la forma humana, humillándose hasta la muerte, y la muerte más baja de todas: la muerte en una cruz. Por lo tanto, Dios lo exalta sobremanera a fin de que todos lo reconozcan como Señor (comparar con Isa. 49:7).

Lee Isaías 52:13 a 53:12. Anota todo lo que el poema dice que Jesús ha hecho por nosotros. Reflexiona sobre lo que esas acciones en nuestro favor significan para nosotros.

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Martes 2 de marzo

¿QUIÉN HA CREÍDO? (ISA. 52:13–53:12)

En Isaías 52:13, el Siervo de Dios es exaltado en extremo; pero, de re-
pente, el siguiente versículo describe su apariencia tan desfigurada que no puede ser reconocido como uno de los “los hijos de los hombres”. El Nuevo Testamento describe los factores que desfiguraron la apariencia de Jesús, incluidas la flagelación, una corona de espinas, la crucifixión; pero, sobre todo, el hecho de cargar con los pecados de la raza humana. El pecado nunca tuvo la condición de ser natural para los seres humanos; soportarlo hizo que el “Hijo del Hombre” pareciera infrahumano.

Compara esta historia con la de Job, que súbitamente descendió de una posición de gran riqueza, honor y poder a ser un lastimoso miserable sentado en el suelo en medio de cenizas, que raspaba sus dolorosas llagas con un tiesto (Job 1, 2). El contraste era tan grande que ni siquiera los amigos de Job lo reconocieron al principio (Job 2:12). La pregunta es: ¿Por qué sufre Job? ¿Por qué debe sufrir el Mesías de Dios? Ninguno de los dos lo merece. Ambos son inocentes. ¿Por qué, entonces, el sufrimiento?

Lee los versículos de hoy y anota los lugares donde aparece el tema del inocente que sufre por el culpable. ¿Cuál es el mensaje esencial para nosotros?

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Presta atención a las preguntas de Isaías 53:1. Estas preguntas enfatizan
el desafío de creer lo increíble (comparar con Juan 12:37–41) y nos advierten que nos sentemos por el resto de la historia. Pero las preguntas también implican una apelación. En este contexto, el paralelismo entre las dos preguntas implica que el brazo/poder de salvación del Señor (comparar con Isa. 52:10) se revela a quienes creen en el relato. ¿Quieres experimentar el poder salvador de Dios? Entonces, cree en el relato.

Presta atención a Isaías 53:6. ¿Qué mensaje específico encuentras? ¿Qué te dice ese texto personalmente, que debería darte esperanza a pesar de tus pecados y tus fracasos pasados?

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Lección 10

Miércoles 3 de marzo

¡LOS INALCANZABLES SOMOS NOSOTROS! (ISA 53:3–9)

Semejante a una planta vulnerable, aparentemente sin ningún valor
especial y despreciada (Isa. 53:2, 3): esa es la representación que aquí se nos da del Siervo sufriente. Isaías nos ha conducido rápidamente de la juventud inocente hasta el borde del abismo. Incluso teniendo en cuenta el contexto presentado previamente, no estamos preparados en el sentido de que estemos resignados al destino del Siervo. ¡Al contrario! Isaías nos ha enseñado a apreciar al Niño que nos ha nacido, al Príncipe supremo de la paz. Otros lo desprecian, pero nosotros sabemos quién es él realmente.

Como dijo alguien: “Nos hemos encontrado con el enemigo, y somos nosotros”. El siervo no es el primero en ser despreciado, desechado o un varón de dolores. El rey David fue todo eso cuando huyó de su hijo Absalón (2 Sam. 15:30). Pero el sufrimiento que soporta este Siervo no es suyo y no deriva de su propio pecado. Tampoco lo soporta únicamente por otra persona: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa. 53:6).

La respuesta a la pregunta “¿Por qué?” es la verdad probatoria de Isaías: A causa del amor de Dios, su Mesías elegiría sufrir. Pero ¿por qué? Isaías asesta el “broche de oro” para completar la verdad inconcebible: ¡Él eligió sufrir para alcanzar lo inalcanzable; y lo inalcanzable somos nosotros! Quienes no entienden consideran que el Siervo es “golpeado por Dios” (Isa. 53:4, NVI). Así como los amigos de Job pensaron que su pecado debió haber causado su sufrimiento, y así como los discípulos de Jesús le preguntaron “¿Quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan 9:2), los que vieron a Jesús en la cruz supusieron lo peor. ¿No dijo Moisés que “cualquiera que es colgado de un árbol está bajo la maldición de Dios”
(Deut. 21:23, NVI; comparar con Núm. 25:4)?

Sin embargo, todo esto fue la voluntad de Dios (Isa. 53:10). ¿Por qué?
Porque “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición” (Gál. 3:13). Porque Dios, “al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21).

“¡Y qué enorme precio ha sido el pagado por nosotros! Contemplemos la cruz y la Víctima levantada sobre ella. Fijémonos en las manos taladradas cruelmente. Observemos sus pies asegurados por largos clavos al madero.

Cristo cargó nuestros pecados en su propio cuerpo. Ese sufrimiento, esa agonía, es el precio de nuestra redención” (ELC 223).

¡El peso, la culpa, el castigo por los pecados de todo el mundo (todos los pecados cometidos por cada pecador), cayeron sobre Cristo en la Cruz al mismo tiempo, como el único medio para salvarnos! ¿Qué nos dice esto acerca de cuán malo es el pecado, que hubo que pagar un precio tan alto para redimirnos de él? El hecho de que el Salvador haya hecho esto por nosotros, incluso a un costo tan alto, ¿qué nos dice sobre el amor de Dios?

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Jueves 4 de marzo

UNA OFRENDA DE RESTITUCIÓN TRANSFORMADORA
(ISA. 53:10-12)

¿Qué significa que la vida del Siervo sea “entregada en ofrenda por el pecado” (Isa. 53:10, NTV)?

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La palabra hebrea se refiere a una “ofrenda expiatoria o de restitución”
(Lev. 5:14–6:7; 7:1–7), que podría expiar los agravios intencionales contra otros (Lev. 6:2, 3). Esos pecados fueron señalados por Isaías (Isa. 1-3; 10:1, 2; 58). Además, el pecador debe devolverle a la persona agraviada lo que le quitó, más una multa, antes de ofrecer el sacrificio para recibir el perdón de Dios (Lev. 6:4–7; comparar con Mat. 5:23, 24). En el caso de un uso indebido e involuntario de algo que pertenece a Dios, él es el receptor de la reparación (Lev. 5:16).

Ahora podemos entender Isaías 40:2, donde Dios consuela a su pueblo
exiliado diciéndole que este ha pagado suficiente compensación por sus
pecados.

Pero, después de la reparación, debe haber un sacrificio. Aquí está, en
Isaías 53: el Siervo de Dios, en lugar de un carnero, es llevado como oveja al matadero (53:7) en favor de los que se han extraviado (53:6).
Aunque “cortado de la tierra de los vivientes” (53:8; comparar con Dan. 9:26), totalmente consumido en el sacrificio que enciende la llama de la esperanza para nosotros, el Siervo se levanta de la muerte, la tierra sin retorno, para recibir exaltación, ver a su “linaje” y prolongar sus días (53:10-12).

Busca los siguientes versículos. ¿De qué manera cada uno refleja el mismo mensaje básico que Isaías 53?

Salmos 32:1, 2 ………………………………………………………………………………………….
Romanos 5:8 ………………………………………………………………………………………….
Gálatas 2:16 ………………………………………………………………………………………….
Filipenses 3:9 ………………………………………………………………………………………….
Hebreos 2:9 ………………………………………………………………………………………….
1 Pedro 2:24 ………………………………………………………………………………………….

Si alguien te pidiera que resumas en un solo párrafo las buenas nuevas de Isaías 52:13 a 53:12, ¿qué escribirías?

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Lección 10

Viernes 5 de marzo

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Cristo llevó nuestros pecados en su propio cuerpo, en el árbol de la Cruz. […] ¿Qué debe ser el pecado, si ningún ser finito pudo hacer la Expiación? ¿Cuál debe ser su maldición, cuando solamente la Deidad pudo conjurarla? La Cruz de Cristo testifica, ante cada hombre, que la muerte es el castigo del pecado. […] ¿Acaso habrá algún poderoso encantamiento que retiene el sentido moral, impidiéndole ser impresionado por el Espíritu de Dios?” (NEV 46).

“La ley del gobierno de Dios había de ser magnificada con la muerte
del Unigénito Hijo de Dios. Cristo llevó la culpa de los pecados del mundo.

Nuestra suficiencia se encuentra únicamente en la encarnación y la muerte del Hijo de Dios. Él pudo sufrir porque era sostenido por la divinidad. Pudo soportar porque estaba sin mácula de deslealtad o pecado. Cristo triunfó en favor del hombre, llevando así la justicia del castigo. Consiguió vida eterna para los hombres al paso que exaltó la Ley y la hizo honorable” (MS 1:366).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. Isaías 53:7 al 9 desciende a las profundidades del abismo: la muerte
y la sepultura del Siervo. ¿Cuántos aspectos de estos versículos se
cumplieron al final de la vida de Jesús? Mateo 26:57–27:60; Marcos
14:53–15:46; Lucas 22:54–23:53; Juan 18:12–19:42.

2. Fíjate en la última cita de Elena G. de White sobre que la muerte
de Cristo magnifica la Ley. ¿Qué quiere decir ella con eso? ¿Cómo
entendemos su muerte como prueba de la perpetuidad de la Ley?

Resumen: Luego de explayarse en el nacimiento, la identidad y la trayectoria del Libertador de Dios, Isaías finalmente revela la tragedia suprema que nos da esperanza: para alcanzar, salvar y sanar a los perdidos –incluidos nosotros–, el Siervo de Dios lleva voluntariamente nuestro sufrimiento y nuestro castigo.

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Lección 9

SERVIR Y SALVAR, Sábado 20 de febrero

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Isaías 41; 42:1–7; 44:26–45:6; 49:1–12.

PARA MEMORIZAR:

“He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones” (Isa. 42:1).

“Muchos sienten que sería un gran privilegio visitar los escenarios
de la vida de Cristo en la Tierra, caminar por donde él anduvo,
mirar el lago en cuya orilla se deleitaba en enseñar, y las colinas y los valles en los cuales sus ojos tan a menudo reposaron. Pero, no necesita-
mos ir a Nazaret, Capernaum o Betania para andar en las pisadas de Jesús.

Hallaremos sus huellas al lado del lecho del enfermo, en los tugurios de los pobres, en las atestadas callejuelas de la gran ciudad, y en todo lugar donde haya corazones humanos que necesiten consuelo. Al hacer como Jesús hizo cuando estaba en la Tierra, andaremos en sus pisadas” (DTG 595).

Isaías habló de un siervo del Señor con una misión similar de miseri-
cordia: “No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. […] Para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas” (Isa. 42:3, 7).

Démosle un vistazo a este Siervo. ¿Quién es él y qué lleva a cabo?

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Lección 9

Domingo 21 de febrero

UNA NACIÓN DE SIERVOS (ISA. 41)

En Isaías 41:8, Dios habla de “Israel, siervo mío”, y en 42:1 presenta a “mi siervo”. ¿Quién es este siervo?

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¿Es Israel/Jacob, el antepasado de los israelitas? ¿La nación de Israel? ¿El Mesías/Cristo, identificado en el Nuevo Testamento como Jesús?
Hay dos tipos de referencias a los siervos de Dios entretejidas a lo largo de Isaías 41 al 53. Un siervo se llama “Israel”, o “Jacob”, como en Isaías 41:8; 44:1, 2 y 21; 45:4; y 48:20. Debido a que Dios se dirige a Israel/Jacob en tiempo presente, está claro que él, Jacob, representa a la nación que desciende de él.

Esto lo confirma el hecho de que la redención de “Jacob su siervo” se lleva a cabo en el momento en que debe salir de Babilonia (Isa. 48:20).
En otros casos, como Isaías 42:1; 50:10; 52:13; y 53:11, el siervo de Dios no se menciona. Cuando se lo menciona por primera vez en Isaías 42:1, su identidad no es evidente de inmediato. Sin embargo, a medida que Isaías desarrolla su perfil en pasajes posteriores, queda claro que es alguien que restituye las tribus de Jacob (Israel) a Dios (Isa. 49:5, 6) y muere en sacrificio en favor de los pecadores (Isa. 52: 13–53:12; ver además Isa. 49:5, 6). Por lo tanto, no puede ser el mismo que la nación. Entonces, es evidente que Isaías habla de dos siervos de Dios. Uno es colectivo (la nación) y el otro es individual.

¿Cuál es el papel de la nación como sierva? Isaías 41:8-20.

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Dios le asegura a Israel que la nación continúa siendo la sierva del Señor: “Te escogí, y no te deseché” (Isa. 41:9). Entonces, Dios da a Israel una de las promesas más formidables de la Biblia: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isa. 41:10). En este y en los versículos siguientes, uno de los roles básicos de Israel es confiar en que el Dios verdadero lo salvará (como no confió el rey Acaz), en vez de
confiar en otros dioses y sus imágenes como lo hacen otras naciones (Isa. 41:7, 21-24, 28, 29).

Fíjate que en Isaías 41:14 el Señor dice que la nación es un gusano. ¿Qué quiso decir? Lee el texto completo para obtener una mejor respuesta. ¿Qué debería enseñarnos esto también sobre nuestra necesidad de depender totalmente del Señor?

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Lunes 22 de febrero

SIERVO INDIVIDUAL ANÓNIMO (ISA. 42:1–7)

¿Cuál es el papel y el carácter del siervo anónimo de Dios, a quien Dios elige y sobre quien pone su Espíritu? Isaías 42:1–7.
Elige la mejor respuesta o combinación de respuestas:
1. Imparte justicia para las naciones.
2. Cumple sus objetivos en silencio y con mansedumbre, pero con
éxito.
3. Es un maestro.
4. Sirve como un pacto entre Dios y el pueblo.
5. Da luz/esperanza al curar la ceguera y liberar prisioneros.

¿Cómo se compara el papel y el carácter de este siervo con el de la “vara del tronco de Isaí”, en quien también descansa el Espíritu del Señor (Isa. 11)?

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Al igual que en Isaías 42, el gobernante davídico de Isaías 11 actúa en
armonía con Dios, impartiendo justicia y liberación para los oprimidos, así como sabiduría y conocimiento de Dios. Descubrimos que este “vástago” y “raíz” de Isaí es el Mesías, el hijo divino de Isaías 9:6 y 7; que también trae “paz […] sobre el trono de David y sobre su reino”, “en juicio y en justicia” (Isa. 9:7). El siervo de Isaías 42 es, obviamente, el Mesías.

¿Cómo identifica el Nuevo Testamento al siervo de Isaías 42:1 al 7, que imparte justicia? Mateo 12:15-21.

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Mateo 12 cita Isaías 42 y lo aplica al silencioso ministerio de curación de Jesús, el Hijo amado de Dios, en quien él se deleita (Isa. 42:1; Mat. 3:16, 17; 17:5). Es el ministerio de Jesús el que restablece la conexión del pacto de Dios con su pueblo (Isa. 42:6; Dan. 9:27).

Jesús y sus discípulos lograron justicia para la gente librándola del su-
frimiento, la ignorancia de Dios y la esclavitud a los espíritus malignos, causados por la opresión de Satanás (Luc. 10:19). Finalmente Jesús murió para ratificar el “nuevo pacto” (Mat. 26:28) e impartir justicia al mundo, al expulsar a Satanás, el forastero que había usurpado la posición de “príncipe de este mundo” (Juan 12:31–33).

Observa la representación de Cristo en Isaías 42:1 al 4. Dedica tiempo a meditar sobre la vida de Jesús. ¿Qué características específicas de su ministerio cumplió tan acertadamente esta profecía? ¿Qué lecciones extraemos sobre cómo deberíamos suplir las necesidades de los demás también?

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Lección 9

Martes 23 de febrero

EL “MESÍAS” PERSA (ISA. 44:26–45:6)

¿Qué asombrosa predicción aparece en Isaías 44:26 al 45:6?

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El ministerio de Isaías duró desde 745 a.C. hasta 685 a.C. aproximada-
mente. Después de mencionar a un conquistador del este y del norte (Isa. 41:2, 3, 25) e insinuar que esto sería una buena noticia para Jerusalén (Isa. 41:27), Isaías predijo con precisión a Ciro por su nombre y describió sus actividades. En efecto, él vino del norte y del este de Babilonia, y la conquistó en 539 a.C.; sirvió a Dios al liberar a los judíos de su exilio en Babilonia; y autorizó la reconstrucción del Templo de Jerusalén (ver Esd. 1).

Pon esta predicción en perspectiva. Dado que hay unos 146 años desde
el momento de la muerte de Isaías hasta la caída de Babilonia, esta profecía se adelantó un siglo y medio a su cumplimiento. ¡Sería como que George Washington predijera que un hombre llamado General Dwight Eisenhower ayudaría a liberar Europa en 1945! Debido a que las acciones de Ciro están bien documentadas en varias fuentes antiguas, incluidas las crónicas babilónicas, su propio informe en
el “Cilindro de Ciro” y la Biblia (2 Crón. 36:22, 23; Esd. 1; Dan. 5; 6:28; 10:1), la exactitud de la profecía de Isaías es incuestionable. Esto confirma la fe de los que creen que Dios conoce el futuro con mucha anticipación.

¿Por qué Dios distingue a Ciro como “su ungido” (Isa. 45:1)?

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Este término hebreo para “ungido” es el vocablo del que proviene la
palabra Mesías. En otra parte del Antiguo Testamento, esta palabra podría referirse a un sumo sacerdote ungido (Lev. 4:3, 5, 16; 6:22), a un rey israelita ungido (1 Sam. 16:6; 24:6, 10; 2 Sam. 22:51), o al Mesías, un Rey y Libertador davídico futuro e ideal (Sal. 2:2; Dan. 9:25, 26). Desde la perspectiva de Isaías, Ciro era un rey futuro, enviado por Dios para liberar a su pueblo. Pero él era un mesías inusual, porque no era israelita. Haría algunas cosas que haría el Mesías, como derrotar a los enemigos de Dios y liberar a su pueblo cautivo, pero no podía ser el mismo que el Mesías, porque no descendía de David. Al predecir a Ciro, Dios demostró su divinidad única al demostrar que solo él conoce el futuro (Isa. 41:4, 21–23, 26–28; 44:26).

Piensa en algunas otras profecías bíblicas que se han cumplido según lo previsto (como todos los reinos de Dan. 2, salvo el último; Dan. 7; o sobre los tiempos proféticos referidos a Cristo en Dan. 9:24–27). ¿Qué clase de esperanza nos ofrecen estas profecías personalmente?